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Picasso se desnudaba escribiendo

junio 1, 2008

José Antonio Primo de Rivera se cruzó con Pablo Picasso en San Sebastián y le preguntó: “¿Qué diría usted si en un futuro lejano una enciclopedia lo definiera como gran poeta andaluz, mejor conocido en vida como pintor?”. Aquella pregunta, formulada en 1934, probablemente como una broma, resultó casi premonitoria. Un año más tarde, Picasso empezó a escribir. Y, ya en los años cincuenta, aquella pregunta reverberante llevó al genio malagueño a hacerle a su amigo el fotógrafo Roberto Otero una confesión no exenta de coña marinera: “Creo que mi obra como escritor es tan extensa como la de pintor. Materialmente dediqué el mismo tiempo a ambas actividades. Quizá algún día, cuando yo desaparezca, apareceré descrito en los diccionarios de esta manera. Pablo Ruiz Picasso: poeta y autor dramático español. Se conservan de él algunas pinturas”.

El episodio lo recuerda Enrique Mallén, experto dedicado en cuerpo y alma al estudio de la obra pictórica y literaria de Picasso, impulsor del On-line Picasso Project, una biografía viva (en la Red) del pintor malagueño. Rodeado de su biblioteca picassiana, desde Tejas, donde ejerce como profesor en la Sam Houston State University, Mallén explica por teléfono que los poemas de Picasso son como cuadros cubistas: tienen distintas interpretaciones según qué línea se lea, son textos abiertos. “En términos literarios, Picasso me parece fascinante: sus poesías esconden múltiples significados, es innovador, de vanguardia, una mina sin explorar”.

… gritos de niños gritos de mujeres gritos de pájaros gritos de flores gritos de maderas y de piedras gritos de ladrillos gritos de muebles de camas de sillas de cortinas de cazuelas de gatos y de papeles…

Así escribía Picasso. Saltándose a la torera todas las convenciones gramaticales y ortográficas. Pintando con las palabras, escribiendo con colores.

Se le emparentó con la escritura automática de los surrealistas, con el dadaísmo nihilista, sí. Y se le infravaloró, a decir de múltiples estudiosos de la cuestión. Pero en los últimos dos años emergen intentos de rehabilitar su faceta literaria. Edición en alemán de sus textos (2007), estudios sobre su obra (La guerra y el cosmos en los textos de Picasso, de Lydia Csató Gasman, 2007), estreno en Sevilla de su obra de teatro El deseo atrapado por la cola (también el año pasado) y una apuesta de riesgo que está a punto de ver la luz el próximo 10 de junio: Pablo de Málaga, valiente disco del maestro Enrique Morente, que se ha atrevido a cantar textos del genio malagueño, a ponerles música. Casi na.

Yo he nacido de un padre blanco y de un pequeño vaso de agua de vida andaluza yo he nacido de una madre hija de una hija de quince años nacida en Málaga en los Percheles el hermoso toro que me engendra…

Fue una terapia. La escritura se le presentó al genio malagueño como una vía de escape ante una situación personal convulsa, un momento de estancamiento creativo y un periodo histórico que anunciaba tormentas. Año 1935: Picasso se está divorciando de la bailarina Olga Koklova. Tiene 54 años, Marie-Thérèse Walter está embarazada, los trámites del divorcio propician el cierre del taller parisiense, no puede ir a pintar, está deprimido, no sabe por dónde tirar, crisis. Escapa al castillo de Boisgeloup, al taller de sus esculturas en yeso, al espacio en el que se encontraba con Marie-Thérèse, y escribe el que se supone es su primer poema. El primero en el que se siente poeta.

18 de abril de 1935. Si yo fuera afuera las fieras vendrían a comer en mis manos y mi cuarto aparecería sino fuera de mi otros sueldos irían alrededor del mundo…

Picasso fecha sus escritos. Como si fueran parte de un diario.

Hay una mujer que dedicó nueve años de su existencia a dar vida al Picasso escritor. Nueve años en contacto con sus herederos, recopilando viejos ejemplares de la revista Cahiers d’Art, buceando entre los fondos del que sería el Museo Picasso de París. Se llama Marie-Laure Bernadac. En 1980, recién nombrada encargada de los archivos de la pinacoteca, caen entre sus manos los viejos manuscritos, los textos mimados como si fueran ideogramas chinos, los poemas con dibujos en los márgenes, los cuadernos de espiral repletos de anotaciones. Al ver aquello, se da cuenta de que tiene que recopilar todo ese material. En 1989 edita Picasso, Écrits (Gallimard), la obra de referencia del Picasso escritor: 340 textos poéticos y dos obras de teatro.

Desde su actual despacho en el Museo del Louvre, del que es conservadora general desde 2004, Marie-Laure Bernadac responde por teléfono con el habla de una persona que tiene muchas cosas que decir pero dispone de poco tiempo, rápida y certera, conocedora del terreno que pisa. “Su poesía es muy confidencial, muy privada, esconde muchas cosas. Habla de su vida con una libertad total, con argot, hace alusiones terribles a su vida privada, a su infancia, las mezcla con reflexiones políticas… es apasionante”, dice de carrerilla. “Sus textos desnudan al personaje; comprendemos mejor su obra pictórica cuando vemos, gracias a ellos, cómo piensa”.

20 de noviembre de 1935. Fleur plus douce que le miel, MT tu es mon feu de joie [Flor más dulce que la miel, MT eres mi fuego de alegría].

MT es Marie-Thérèse, que acaba de darle una hija, Maya.

Gastronomía, sexo, tauromaquia. Málaga, el horror de la guerra, la escatología. La infancia, el clero, la España negra. Las obsesiones del genio fluyen a borbotones en sus escritos. Escribe en francés y en español, ajeno a la ortografía. Concibe los poemas como obras plásticas, adorna las letras, dibuja en los márgenes: “Si hubiera nacido chino, no sería pintor, sino escritor. Escribiría mis pinturas”, declara a Claude Roy en 1954.

“Ya desde su primer texto aparece su erotismo de voyeur”, cuenta Antonio Jiménez Millán, autor en 1983 de Poemas de Picasso, considerado como el primer ensayo de enjundia que se publica en España sobre la obra escrita. “La obsesión por el sexo se refleja en su tendencia a la escatología”, dice mientras apura un cigarrillo con la ventana de su despacho abierta, en la Universidad de Málaga. Jiménez Millán sostiene que la escritura picassiana no es surrealista, ni dadaísta, ni siquiera escritura automática (escupir palabras sin control ni corrección alguna), sino que va surgiendo de la digestión de las sucesivas escrituras de vanguardia de la época.

En esos años vive rodeado de una élite de escritores e intelectuales: Max Jacob, el poeta y escritor que le acoge y le enseña francés; Apollinaire, el autor que le dice que tiene que saltarse las reglas y hacer caso a su corazón; Reverdy, Jean Cocteau, Paul Éluard. Ése es el ambiente en el que se mueve. Al principio, le da cierto pudor publicar sus textos, rodeado como está de poetas de vanguardia: “Tenía miedo, era como desnudarse en un momento inadecuado”, explica Marie-Laure Bernadac. Pero en cuanto publica sus primeros textos en la revista Cahiers d’Art, en enero de 1936, el surrealista André Breton celebra la llegada de una nueva voz. “Es que quería atraer a Picasso a las filas del surrealismo”, explica Rafael Inglada, estudioso de Picasso, el hombre que inició a Enrique Morente en los mundos del Picasso escritor.

Inglada desfila entre los angostos pasillos de la Fundación Picasso de Málaga, donde trabaja, y rebusca en el pequeño estante dedicado a la obra escrita del pintor malagueño. “Es importante rescatar al Picasso escritor, está infravalorado”, dice. Hace cinco años, recibió la llamada de Enrique Morente. Buscaba poemas. De Picasso, de amigos de Picasso. Inglada, editor de Textos españoles (1894-1968), una compilación de poemas del artista, le pasa material.

Los recuerdos de infancia de Picasso, sus juegos en la plaza de la Merced, en eso pensó Morente para inspirarse. “Picasso escuchaba cante, le gustaba el flamenco”, explica el cantaor granadino, hombre en deuda eterna con Picasso desde que quedó conmocionado ante la visión del Guernica, hace más de 18 años, cuando aún estaba en el Casón del Buen Retiro. Intentando devolver con su arte lo que Picasso le había hecho sentir, se lanzó a la aventura de musicarlo y cantarlo. Se puso a bucear en el flamenco popular, el que pudo haber oído el Picasso niño. Y lo fundió con los textos del pintor. “Vi que había arte y calidad en sus textos, había espontaneidad. Me sorprendió la gracia, el atrevimiento, la libertad para pasar de un tema a otro en el mismo renglón”.

El profesor Eugenio Carmona, especialista en la obra pictórica del pintor malagueño

EL PICASSO ESCRITOR SE AUTORRETRATA

El pintor malagueño hizo este dibujo en el manuscrito de su obra de teatro El deseo atrapado por la cola (1941). La estrenó en plena ocupación nazi de París, en casa del matrimonio Leiris, con un reparto (de amigos) de lujo: Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus y la fotógrafa Dora Maar.

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