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Marilyn Monroe: la eternidad en un click

junio 8, 2008

El Nuevo Herald

La galería Untitled 2144 Contemporary Photography, que se inauguró en febrero pasado en Wynwood, presenta Marilyn 12, una magnífica exposición, tanto por el sujeto de la fotos: Marilyn Monroe, como por el artista que las tomó, el fotógrafo, escritor y director Lawrence Schiller.

Schiller, entonces un joven fotógrafo cuyo lente ya había captado para las páginas de ParisMatch la fallida campaña a la presidencia de Richard Nixon en 1960, tuvo la oportunidad de fotografiar a Monroe en el set de su última e inconclusa película Something’s Got to Give, en mayo de 1962, cuatro meses antes de su muerte.

”Conocí a Marilyn en 1960 cuando estaba haciendo Let’s Make Love, con Yves Montand. Yo había recibido la encomienda de retratarla para Look Magazine”, recuerda Schiller, en la inauguración de la exposición en Miami. ”Después la fotografié en The Misfits; en su casa y en México, cuando fuimos a Tijuana a comprar losas para su cocina”, añade Schiller, aclarando que en esa época era posible desarrollar una relación más cercana con las estrellas.

Las espectaculares fotos en blanco y negro y a color obtenidas por Schiller demuestran lo cómoda que se sentía Marilyn, que para entonces ya era una superestrella; había filmado casi 30 películas, y era una de las mujeres más adoradas de su tiempo. Sin embargo, durante el rodaje de Something’s Got to Give, ella sostenía una batalla con los estudios Twentieth Century Fox por los honorarios de su trabajo.

”A Liz Taylor le pagaban un millón de dólares por Cleopatra y a Marilyn, $100,000. Ella quería probarle a los estudios que podía generar tanta publicidad como Liz Taylor”, explica Schiller sobre los antecendentes del momento mágico que pudieron captar las cámaras Leica y Nikon que usó entonces.

”Estábamos sentados en un círculo y ella me dijo: `Larry, voy a lanzarme a la piscina con el bikini puesto y voy a salir desnuda”. Yo, que era muy atrevido, le respondí: ‘Ok, Marilyn, tú ya eres famosa, ahora me vas a hacer famoso a mí’. Entonces me aclaró: ‘Recuerda una cosa: el día que publiques esas fotos en todo el mundo, yo no quiero ver a Liz Taylor en la portada de ninguna revista’. Me estaba indicando que el contrato de venta de las fotos incluyera una cláusula exigiendo esto”.

Las fotos que hoy se pueden ver en Untitled 2144 revelan mucho más de Monroe que una piel brillante, esa cualidad que Schiller destaca como inolvidable.

Los retratos descubren muchas Marilyn. De espaldas a la cámara, su curvilínea silueta descansa en unas agitadas aguas que parecen el mapa de su vida. Sumergida hasta el cuello, las ondas forman un collar que evoca esa femineidad que la hizo popular incluso entre las mujeres. De cuerpo entero, semicubierta con una toalla azul y mirando desafiante a la cámara, sale a flote la excelente actriz, la de Niagara y River of No Return. De medio torso, cubriéndose los pechos con los brazos, como si empuñara un revólver, y con los labios entreabiertos, se revela el sex appeal de Gentlemen Prefer Blondes. En otras aparece burlona y feliz, como la Sugar Kane de Some Like it Hot, o apagando las velas de su 36 cumpleaños, el 1 de junio de 1962.

”Ella cargaba mucho bagaje emocional. Deseaba con gran intensidad tener un hijo y ya había perdido varios embarazos. Su vida era difícil, pero el día que hicimos estas fotos –y yo la fotografié muchas veces–, ella estaba muy optimista”, comenta Schiller.

”Lo interesante es que 45 años después observas las fotos y no parecen de una persona ya fallecida. No se tiene la misma impresión con instantáneas de otras actrices de esa era. Hay mucha vivacidad en estas fotos de Marilyn”, opina Schiller. “Ella representa al niño que hay en nosotros”.

La foto más memorable de la muestra quizás sea una en blanco y negro en que la actriz aparece tirada en un sofá y, entrando por una esquina, su coach de drama, Paula Strasberg, esposa del famoso Lee Strasberg.

”Mi presencia en las imágenes se nota en la habilidad para anticipar el momento perfecto; eso es el fotoperiodismo”, comenta Schiller, que llegó a convertirse en uno de los mejores testigos de su tiempo, fotografiando al campeón de boxeo Muhammad Ali, al asesino del Presidente Kennedy, Lee Harvey Oswald, y al senador Robert Kennedy.

”Entonces yo era un fotógrafo, ahora soy un director de cine”, opina Schiller, que reside en Los Angeles y trabaja en un libro sobre un artista chino.

Las fotos de la exposición, publicadas en Paris Match y LifeMagazine en los años 60, fueron recogidas por primera vez en 1972, en el libro Marilyn, primero de una larga lista de colaboraciones con su amigo, el fallecido escritor Norman Mailer. ”Después las guardé hasta el año pasado que decidí sacarlas a la luz y firmarlas. La historia, y no el momento en que se toma la foto, decide cuál es o no es importante”, concluye

Schiller.• 

 

smoreno@herald.com

‘Marilyn 12’, exposición de fotografías de Marilyn Monroe, tomadas por Lawrence Schiller, en Untitled 2144 Contemporary Photography Gallery, en 2144 NE 2nd Ave, Miami. (305) 576-2112.

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