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Centro de detención de Guantánamo se torna escuela de terroristas

junio 17, 2008

GARDEZ, Afganistán

Mohammed Naim Farouq era un bandido de Zormat, un distrito sin ley en el este de Afganistán. Se dedicaba al secuestro y la extorsión y controlaba su territorio con una banda de hombres armados que andaban en camiones con fusiles automáticos AK.

Soldados estadounidenses lo detuvieron en el 2002, aunque no tenía relaciones claras con el Talibán o Al Qaida. No obstante, cuando Farouq fue liberado al año siguiente del campamento de detenidos de Guantánamo –tras 12 meses de lo que califica de abusos y humillaciones a manos de los soldados estadounidenses– ya había establecido relaciones militantes de alto nivel.

De hecho, se había convertido en un líder talibán. Cuando la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados unidos dio a conocer en el 2006 una lista de los 20 militantes más buscados en Afganistán y Pakistán –con Osama bin Laden en el número uno– Farouq estaba en el lugar 16.

Una investigación de McClatchy Newspapers descubrió que en lugar de encerrar a terroristas, Guantánamo muchas veces engrosó sus filas al reunir a delincuentes comunes, reclutas, soldados rasos y hombres sin compromiso alguno con el islamismo radical –inspirando en ellos un odio visceral de Estados Unidos– y colocándolos en celdas vecinas a las de militantes radicales, quienes explotaron rápidamente las fallas del sistema de detención.

Los soldados, guardias e interrogadores en las bases de Estados Unidos en Bagram y Kandahar, en Afganistán, abusaron de muchos de los detenidos, que llegaron a Guantánamo llenos de ira contra Estados Unidos.

Los líderes del Talibán y Al Qaida en las celdas cercanas no perdieron tiempo en predicarles su interpretación ardiente del islam y la necesidad del la guerra santa islámica contra Occidente. Guantánamo se convirtió en una verdadera escuela de guerra santa con un consejo de notables que emitían fatwas, órdenes religiosas de cumplimiento obligatorio, a los otros detenidos.

El contraalmirante Mark H. Buzby, hasta hace poco el oficial al mando en Guantánamo, admitió que los altos líderes militantes ganaron influencia y control.

“Con una gama tan completa de líderes [del Talibán y Al Qaida] aquí, ¿por qué no iban a continuar funcionando como organización?”, dijo durante una entrevista telefónica. “Tengo que suponer que en Guantánamo hay una célula de Al Qaida completamente funcional”.

Funcionarios afganos y paquistaníes han indicado también que sabían que Guantánamo estaba generando hornadas masivas de líderes militantes.

En un informe secreto del 2005 sobre 35 detenidos liberados de Guantánamo, la inteligencia de Pakistán llegó a la conclusión de que los hombres, que en su mayoría sufrieron “graves torturas físicas y mentales‘‘, según el informe, abrigaban “resentimiento y odio extremos contra Estados Unidos”.

El informe advertía que a menos que se tomaran medidas para rehabilitar a estos hombres, tenían el potencial para “convertirse en otro Abdullah Mehsud”, un ex detenido de Guantánamo que llegó a ser un alto jefe talibán en las áreas tribales paquistaníes que lindan con Afganistán. Mehsud se suicidó con una granada en julio pasado para no caer en manos de las tropas paquistaníes.

“Muchos de nuestros aliados combaten ahora a los estadounidenses porque si se tortura a alguien sin razón alguna, ¿qué se puede esperar?”, dijo Issa Khan, un ex detenido paquistaní, en una entrevista en Islamabad. “Muchas personas que estaban en Guantánamo ahora son talibanes”, agregó.

Ex funcionarios del Departamento de Defensa aceptaron el problema al ser entrevistados, pero ninguno quiso hablar del tema abiertamente debido a las implicaciones: los funcionarios enviaron por error a Guantánamo a muchos hombres que no eran terroristas endurecidos, pero que cuando fueron liberados ya eran precisamente eso.

McClatchy solicitó infructuosamente comentarios sobre el tema a altos funcionarios del Departamento de Defensa. La funcionaria a cargo de asuntos de los detenidos en el Pentágono, Sandra Hodgkinson, rechazó peticiones de entrevistas incluso después de recibir una lista de preguntas.

No obstante, docenas de antiguos detenidos, muchos de quienes no querían hablar por miedo a que los militantes los tacharan de espías, describieron una red –a veces fragmentaria, a veces de una complejidad asombrosa– que permitía a islamistas radicales ganar poder en Guantánamo:

* Los militantes reclutaban a nuevos detenidos ofreciéndoles ayudarlos a memorizar el Corán y estudiar árabe. Les impartían clases, llenas de su teología instigadora, entre las paredes de malla metálica de las celdas, del otro lado de una cerca durante el ejercicio o en bloques de menor seguridad, durante reuniones de grupo.

* Líderes del Talibán y Al Qaida designaban líderes de pabellón. Cuando había algún problema con los guardias, como alegaciones de insultos al Corán o registros violentos de detenidos, estos líderes reportaban a sus jefes si los hombres de su pabellón habían respondido con huelgas de hambre o tirándoles orine y heces fecales a los guardias. Los líderes superiores decidían entonces si debían ordenar huelgas de hambre a gran escala u otras protestas.

* Los líderes de Al Qaida y el Talibán en Guantánamo dictaban reglas que gobernaban el comportamiento de los detenidos. Estrechar la mano de las guardianes estaba absolutamente prohibido, los hombres debían rezar cinco veces al día y debían mantener al mínimo las conversaciones con los soldados estadounidenses.

La labor de reclutamiento y organización no termina en Guantánamo. Después que los detenidos liberados reciben la visita de militantes que tratan de cementar las relaciones formadas en la prisión.

“Cuando me liberaron, ellos [comandos talibanes] me dijeron que me les uniera para para pelear”, dijo Alif Khan, ex detenido afgano entrevistado en Kabul por McClatchy. “Me dijeron que debía mudarme a Waziristán”, un nido de talibanes en Pakistán.

tlasseter@mcclatchydc.com

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