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¡Frenazo!

junio 30, 2008

El teniente coronel presidente Chávez no ha salido aún del aturdimiento en que lo dejó postrado la consulta electoral del 2 de diciembre de 2007, cuando más de 16 millones rechazon su propuesta reforma constitucional frente a casi 10 millones que lo respaldaron. Estas cifras llegaron al conocimiento público por los llamados caminos verdes, pues el árbitro (¿?) comicial, el Consejo Nacional Electoral, seis meses después oculta los resultados finales, a revelar los cuales está obligado por ley y que el día que lo haga seguro no serán aquellos, porque no puede dejar mal parado a su jefe, quien comentó, desencajado, que la victoria era “pírrica”.

Desde ese 2 de diciembre el teniente coronel salta de disparate a disparate: como chacumbele, él mismito se mató cuando pidió que las FARC fueran excluidas de la lista de organizaciones terroristas y se les diera categoría de beligerante, pero ese valioso archivo, las computadoras de Raúl Reyes, le obligaron a cambiar su discurso y para él ahora el grupo narcoguerrillero es un anacronismo en América Latina. Como muchachito malcriado, es de nuevo amigo del presidente Uribe.

La decisión determinante del pueblo obligó al teniente coronel presidente a recoger un proyecto de reforma curricular cuyo objetivo, entre otros, era la ideologización política de los niños y jóvenes estudiantes y, peor aún, lo hizo engavetar la Ley de Seguridad, un documento que legalizaba la denuncia, al chivatazo, al sapeo, copia al carbón de la cubanísima ley castrocomunista.

Los proyectos económicos de su gobierno siguen siendo meras ofertas mientras la inflación se eleva a la estratosfera haciéndose, bajo su presidencia, la más alta en la historia económica del país. Estos dramáticos escenarios han hecho que el teniente coronel haya dado un frenazo.

En cuanto al estamento militar no es que haya vientos tormentosos, pero el proyecto político no goza precisamente de aceptación mayoritaria. El silencio ha sido la mejor respuesta.

El cambio de 180 grados de Chávez, según analistas, no es para hacerse ilusiones, sólo responde a un repliegue táctico. Podría ser que el teniente coronel presidente, parafraseando las palabras de Lenin, esté aplicando aquello de un pasito hacia adelante y dos hacia atrás.

Hizo quedar mal hasta a seguidores suyos, como que desautorizara públicamente a dos de sus ministros por congelar las tarifas del transporte público y a dos de sus parlamentarios incondicionales que alegremente habían elogiado la Ley Sapo. Sin embargo, en este gobierno nadie siquiera va al baño sin la anuencia previa del teniente coronel. Hay que ser como los tres monitos.

Convocó a un número de empresarios privados, pero ignoró a sus organizaciones gremiales, los llamó a trabajar con el gobierno, pero no sin dejar de humillar y de despreciar a algunos de los presentes. La reunión se limitó a un monólogo: Yo, Hugo.

El nivel de popularidad del teniente coronel ha descendido en un 20% en los últimos años, según coinciden las encuestas, pero disfruta aún de una popularidad del 50%.

Ahora, la paradoja es que una cosa es la persona del teniente coronel y otra su llamada revolución socialista del siglo XXI, ampliamente rechazada. En un reciente artículo del analista Carlos Blanco éste sostiene: ”El socialismo de Chávez ha muerto asfixiado. No hay revolución socialista; no la hay ni la hubo.” Peor aún, para uno sus ex asesores, el marxista germanomexicano Heinz Dieterich, Chávez estaría capitulando ante el imperio.

slozano@dearmas.com

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