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Metrosexual: ¿un metro de qué?

julio 3, 2008

Son un concepto nuevo, moderno, el hombre nuevo de este siglo, pero nadie sabe muy bien quienes son, de donde vienen, qué hacen, qué comen o a qué dedican su tiempo libre. Sólo que existen y están de moda. Son los metrosexuales y es la palabra que se lleva esta temporada, suena en tu oreja una y otra vez hasta que ¡listo! se instala en tu cabeza para formular la pregunta: ¿metro de qué?, ¿sexual? Hay que admitirlo, la palabrita es sugerente, pero ….

Nancy Arancibia

Metrosexual es, ante todo, una creación publicitaria, comercial. Un metrosexual es un consumidor por excelencia, de belleza; de cuidado; de cremas; ungüentos; lacas; bronceadores, sobre todo bronceadores; ropa, mucha ropa, de marca por cierto.

Pero claro, esto no coincide, la palabrita sigue dando vueltas: ¿metro se-xual? Pues bien, nada de eso, hay que resignarse, los metrosexuales no tienen que ver ni con cantidad de centímetros ni con sexo, sino que con “actitud”.

Es un arquetipo, y como tal un producto comercial, creado por agencias y estudios de mercado. Ellos los definen así, y citamos a agencias internacionales del mundo desarrollado, que después de todo son las que introducen a estos nuevos hombres a nuestra cultura. Según la agencia Euro RSCG Worldwide de Nueva York, “metrosexuales” son los hombres heterosexuales “que conocen y prestan atención a la moda, la comida y a los productos de cuidado personal, y no les importa que se sepa”.

El icono de esta clase de tipos es el futbolista británico David Beckham, todo él representa lo urbano, lo cuidado, delgado, que adora ir de compras, vigila su peso y cuidan su cutis. Por ejemplo, Beckham se pinta las uñas sin complejos, posa para cuanta revista lo quiera retratar, ama los diamantes y no vacila en combinar su vestimenta con la de su esposa, Victoria “Posh Spice”. ¡Ufff!

Resumiendo, dícese de los hombres que gustan de verse y sentirse bien, que cuidan de su imagen corporal como lo hacen las mujeres hace siglos. Se ven bien, cuidan su piel con cremas hidratantes, se preocupan de tener un color adecuado(bronceado es lo que mejor les queda), se tiñen el pelo, se hacen las uñas y van al gimnasio y por eso no tienen panza. Visten bien, eso significa que usan ropa adecuada para el lugar y el momento, no los mismos jeans o el pantalón regalón para todo; la camisa le queda perfecto, combina y la eligió solito. Según el poder adquisitivo es el rango de marcas, pero lo ideal es algo así como Calvin Klaine o Armani.

Lo bueno es que no tienen complejos, no temen a los calificativos de “esas son cosas de mujeres” o las que dudan de su virilidad. Ellos, se supone, no temen explotar su parte femenina, al menos en lo que en apariencia física se refiere.

Quizá eso sea lo bueno, se supone que junto al consumo de productos, logran distinguir un buen diseño, una sábana de buena de calidad, cocinan, hacen yoga y son sensibles. Por ejemplo, ellos saben que “One” es de Calvin Klaine y “Envy” de Gucci; al cocinar un terrine de mariscos con “haricots verts” en veinte minutos, y cantar a capella un área de la Traviatta. Bueno, eso yo tampoco lo sabía, algo se aprende en todo esto.

Al parecer este modo de vida no es sólo narcisista, según la agencia internacional Euro RSCG, sostiene que el fin de este nuevo hombre es seducir a las mujeres y a ojos de esta empresa, no les cuesta mucho lograrlo.

Entonces ¿Por qué me-tro-se-xual?

Volviendo al origen del nombre, lamentablemente éste nada tiene que ver con el porte de este nuevo tipo de macho. Las definiciones que deambulan por allí -nada de científicas, por cierto- hablan de un hombre que tendría relación con la metrópoli, por eso lo de “metro” y lo de “sexual” tendría que ver con el género. O sea, hombre extra urbano que se maneja en los temas de ciudad.

Una variante de esta definición es la que refiere a “metro” porque en general están concentrados alrededor de las grandes ciudades, y “sexuales” porque se caracterizan por vivir armoniosamente y sin complejos con su lado femenino, pero no son afeminados o gay.

Una acepción más académica es la que consigna que la palabra fue acuñada hace una década atrás por el escritor británico Mark Simpson quien analizaba los efectos del consumismo en la identidad masculina. Hace poco dijo al periódico The Independent on Sunday que “estaba claro ya a principios de los años 1990 que la moda masculina austera, represiva y estancada estaba siendo seriamente cuestionada por el capitalismo consumidor. El hombre estoico, autorreprimido y modesto no compraba mucho”.

El nuevo tipo de hombre, que él define como “alguien menos seguro de su identidad y mucho más interesado en su imagen”, es víctima fácil de la publicidad.

Lo cierto es que para las economías extra liberales como la nuestra, los metrosexuales son sujetos deseables a los que hay que promover porque no es casualidad que todo lo que usan o se ponen encima redunda en millones de pesos de ganancia para las empresas de moda y cosméticos que ven ante sus ojos un nuevo nicho de consumo.

Si existen de estos ejemplares en nuestro país, habrá qué ver qué tanto superan la barrera de los sexos, atreviéndose a usar cosas hasta ahora sólo para mujeres. Señores y señoras, la igualdad llegó y aquí la tienen: los hombres también se cuidan y pueden ser objeto sexual. ¿Será esto un avance?

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